viernes 13 de noviembre de 2009

Cosa de diablitos (por Eduardo Campos)

Desde su creación San Pedro ha tenido, gracias a los funcionarios de paso por Pellegrini 150, situaciones vergonzosas, como el derrumbe de la casa de un prócer nacional (Fray Cayetano Rodríguez); desafortunadas como la apertura del canal “Don Pablo”; ridículas como establecer que una calle (Caroni) sea contramano en ambos sentidos y tristes como el corte de barrancas hecho en avenida Costanera y Rómulo Nahón, sector que vemos desmoronarse a diario.
Por estos días y gracias a la grabación del programa televisivo “Casi Diablitos”, se está incursionando en lo grotesco a partir del corte al tránsito de la avenida Costanera.
¿Quién tomó la decisión? Es un misterio ¿Qué criterios utilizó? Se ignora.
Esta es, a pesar de hallarse en el sector turístico de la ciudad, una avenida vital, pues es utilizada por mucha gente para trasladarse de un sector a otro en forma rápida y sin tener que moverse por el interior de la ciudad.
Varios días de corte ¿y a cambio de qué? Lo que la producción del programa pueda dejar de dinero es irrelevante (sólo a la empresa que los aloja). Tampoco se puede decir que San Pedro aparezca en “Casi Diablitos” porque están haciendo como que graban en otro lugar: “Puerto del Príncipe” (aparentemente ficticio).
¿Qué hubiese pasado si el corte hubiera sido provocado por piqueteros? Lo imaginamos, a pesar que en este caso los reclamos hubieran sido más justos y coherentes.
¿Y qué hubiese pasado si a los artistejos se les hubiese ocurrido grabar en el “Howard Johnson” de arriba? Es de imaginarse: Mitre cortada por varios días, los chicos de la Escuela 1 sin clases y comercios sin gente. Pero claro, aquí hubiese habido un beneficio: las chicas del Socorro iban a poder gritar haciendo solo dos cuadritas. Un beneficio pequeño pero beneficio al fin.

jueves 24 de septiembre de 2009

Medios (hegemónicos) contra la sociedad (por Alejandro Kaufman)

Los medios hegemónicos atraviesan en la Argentina una gravosa condición ético-política: han eludido la revisión de las complicidades, responsabilidades y omisiones con que muchos de sus protagonistas empresariales y profesionales actuaron en la dictadura de 1976. En cualquier debate sobre la actualidad de los medios, desde las condiciones estructurales de monopolio hasta la continuidad de liderazgos indemnes desde aquellos años horribles, una y otra vez se verifican las consecuencias que ocasiona una forma de poder intangible e impermeable a las críticas, cuestionamientos o demandas de justicia. Cientos de trabajadores de la prensa son rehenes de un poder monopólico que restringe la oferta laboral a escasas alternativas, y que por este solo hecho adquiere cualidades coactivas sobre los asalariados. El alcance y la sofisticación de las retóricas y estéticas mediáticas ocultan con una eficacia que haría enverdecer de envidia a los tiranos más contumaces su carácter de garantes de hegemonías superiores en consistencia a discursos políticos, religiosos o sociales. El poder mediático oculta su naturaleza detrás de pretensiones de transparencia y verdad exhibidas con procedimientos que subyugan los poros vulnerables de la sensibilidad.
Códigos éticos edulcorados y formulados con negligencia, sin considerar la historia y la memoria recientes, redactados para no herir las susceptibilidades de los medios hegemónicos, al abstenerse de cuestionar legitimidades que no se discuten ni revisan, son inocuos como instrumentos de resistencia o defensa de derechos humanos. La ruindad presente en tantas exhibiciones nauseabundas, reñida con cualquier criterio elemental de convivencia política y social, es descrita con benevolencia, sin ánimo alguno de incidencia decisiva.
Frente a las hegemonías mediáticas, la sociedad civil está indefensa, desprovista de recursos sustanciales de intervención frente a la impunidad con que nuestra telúrica industria del espectáculo ofrece sus productos al mercado. El núcleo de la cuestión no reside solamente en el monopolio. Cuando algunos programadores de medios públicos creen que para comunicar cualquier cosa deben introducir figuras de la farándula o de la industria, refrendan así el triunfo de las retóricas dominantes: ya no importa tanto entonces lo que se dice sino la estrella que lo dice. No es solo la “metodología” de ocultación o manifestación de la cámara aquello que define el asunto. Tampoco podríamos fijar una mera regla de pureza. Pero sí podríamos –tal vez– demandar la restitución de límites que los medios argentinos perdieron hace mucho tiempo.

Publicada en Página 12 el pasado 16 de Agosto
Kaufman brindará este sábado a las 21 una charla en el Centro de Comercio e Industria, coordinada por el Centro Cultural Aníbal de Antón.
Es docente universitario, crítico cultural y ensayista, además de Profesor en la Universidad Nacional de Quilmes y en la Universidad de Buenos Aires e investigador del Instituto Gino Germani, dependiente de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA). Fue profesor visitante en las universidades de Bielefeld y San Diego y en la École des Hautes Études en Sciences Sociales. Es miembro del comité de dirección de la revista Pensamiento de los Confines, junto a Nicolás Casullo (1944-2008), Ricardo Forster y Matías Bruera. En 2007 fue elegido director de la Carrera de Ciencias de la Comunicación (UBA).

miércoles 16 de septiembre de 2009

Formas de hacer política (por Eduardo Campos)

Esos grandes galpones de material existentes sobre la barranca, a la altura del puerto local, no es lo único que ha quedado del trunco proyecto de los FFCC económicos de Eduardo Depietri.
El empresario también dejó a San Pedro toda una línea de paraísos sobre calle San Martín que va desde las instalaciones mencionadas hasta el cementerio.
Existe una leyenda en la gente que habita ese sector de la ciudad, que indica que se eligió a los paraísos porque el deseo último de todo aquel que realiza el viaje sin regreso por San Martín es, justamente, ir al “paraíso”.
De ahí que causó un profundo malestar en ellos la imprevista tala de dos cuadras de árboles ocurrida entre el 20 y 21 de junio pasados.
Según algunos vecinos con los que pude dialogar, esta tarea fue realizada por una persona del barrio, con la anuencia de funcionarios municipales, para que comercializara la madera.
Aparentemente se trataría de un puntero del partido gobernante y el permiso concedido sirvió para pagar una deuda por los servicios prestados por éste durante las elecciones pasadas.
Lo que sucede es que la condición impuesta fue la de sacar los tacos remanentes y plantar nuevos árboles de reemplazo, cosa que nunca ocurrió.
Poco después pude confirmar, a través de la palabra de dos funcionarios de la administración municipal que, efectivamente, se le había dado autorización a esta persona para que talara esas dos cuadras de paraísos.
Hoy los vecinos quieren esos árboles nuevamente. La realidad marca que quien los taló no los va a reponer, por lo que en algún momento deberá ir el municipio a sacar las raíces y colocar plantas nuevas. El costo, por supuesto, saldrá de su bolsillo señor ciudadano contribuyente.
Este es un capítulo más de lo que ocurre con el (hoy más que nunca) castigado arbolado urbano de San Pedro. El precio de la leña ha hecho que ni estos árboles se salven de la misma suerte que corren los que bordean cualquier camino rural, talados sin descanso por los ladrones de leña, cebados porque saben que nadie les dirá nada.
Como valor agregado queda un ejemplo más de cómo se hace política en San Pedro.